Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.
DARÍO JARAMILLO A. ( Colombia 1947 )
Hoy desearía recorrer el infinito de tu cuerpo
para deleitar mis sentidos cuando te acaricie
con el latir de mi corazón,
como si fuera tu voz que me dice que me amas
Mas no escondas lo que es parte de la vida,
Que aun te veo y me apasionas tanto,
que añoro y busco la tierra prometida,
que me brinda la ternura de tus brazos
El tiempo sigue su curso
Y te recuerdo cada noche,
Te echo de menos,
Y ya no me importa, que nuestro amor sea imposible,
Porque Te quiero,
Y te alcanzaré
Volveré para quedarme contigo
Y lo más lejos que estaré de ti
serán
-Tres minutos- (Noche de estrellas, deseos
El tiempo pasa, demócrata incidente,
Dejando huellas destruye juventudes,
Más juntos vimos al tiempo irreverente,
Transformar nuestros cuerpos y actitudes;
A La firmeza de nuestra piel perdida
Donde hubo valles aparecieron grietas,
Donde la fuerza eficaz surgía,
Aparecieron debilidades insurrectas
Te he querido tanto
y de tantas maneras
que parece imposible inventar
nuevas formas de amar
parece imposible que nadie pueda llegar a quererte
más que yo.
Te he querido con egoísmo
por no querer compartirte con nadie,
por miedo a perderte.
Te he querido con el deseo
y el ansia por hacer el amor
contigo hasta consumirnos los dos.
Te he querido tanto...
y de tantas maneras
que parece imposible que hoy
haya un solo modo de amarte...
Y este sea solo... tu recuerdo.
CADA PALABRA
UN SENTIMIENTO DE AMOR.
POEMAS DICHOS DE TU BOCA
QUE EMOCIONARON EL ALMA
Y NOS ACOMPAÑARAN POR SIEMPRE
Amor...
única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.
Aquí,
desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.
Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.
¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!
¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!
¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...!
¡Multiplican en ecos!
Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!
Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma...
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.
Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!
¡Amor...!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.
Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.
Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.
Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,
voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado. (Jaime Sabines )
Pero jamás en mí podrá apagarse
Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.
DARÍO JARAMILLO A. ( Colombia 1947 )
Hoy desearía recorrer el infinito de tu cuerpo
para deleitar mis sentidos cuando te acaricie
con el latir de mi corazón,
como si fuera tu voz que me dice que me amas
Mas no escondas lo que es parte de la vida,
Que aun te veo y me apasionas tanto,
que añoro y busco la tierra prometida,
que me brinda la ternura de tus brazos
El tiempo sigue su curso
Y te recuerdo cada noche,
Te echo de menos,
Y ya no me importa, que nuestro amor sea imposible,
Porque Te quiero,
Y te alcanzaré
Volveré para quedarme contigo
Y lo más lejos que estaré de ti
serán
-Tres minutos- (Noche de estrellas, deseos
El tiempo pasa, demócrata incidente,
Dejando huellas destruye juventudes,
Más juntos vimos al tiempo irreverente,
Transformar nuestros cuerpos y actitudes;
A La firmeza de nuestra piel perdida
Donde hubo valles aparecieron grietas,
Donde la fuerza eficaz surgía,
Aparecieron debilidades insurrectas
Te he querido tanto
y de tantas maneras
que parece imposible inventar
nuevas formas de amar
parece imposible que nadie pueda llegar a quererte
más que yo.
Te he querido con egoísmo
por no querer compartirte con nadie,
por miedo a perderte.
Te he querido con el deseo
y el ansia por hacer el amor
contigo hasta consumirnos los dos.
Te he querido tanto...
y de tantas maneras
que parece imposible que hoy
haya un solo modo de amarte...
Y este sea solo... tu recuerdo.
CADA PALABRA
UN SENTIMIENTO DE AMOR.
POEMAS DICHOS DE TU BOCA
QUE EMOCIONARON EL ALMA
Y NOS ACOMPAÑARAN POR SIEMPRE
Amor...
única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.
Aquí,
desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.
Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.
¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!
¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!
¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados...!
¡Multiplican en ecos!
Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!
Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma...
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.
Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!
¡Amor...!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.
Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.
Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.
Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,
voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado. (Jaime Sabines )
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor (GUSTAVO ADOLFO BECKER )
La llama de tu amor (GUSTAVO ADOLFO BECKER )